lunes, 30 de mayo de 2011

Atriumgentium ( Dialogo interreligioso)

Atriumgentium

por Estévez, Roberto · 1 Comentario

El diálogo entre creyentes y no creyentes, promovido por el Pontificio Consejo para la Cultura, es una iniciativa que parte de la idea de que el Dios conocido en la fe es siempre un Dios misterioso, y sus adoradores no se sienten de hecho lejos de quienes buscan verdaderamente a un Dios desconocido. www.atriumgentium.org es la dirección de la página web que se encuentra en construcción, tal como el proyecto al que sirve.El papa Benedicto XVI sugirió el 21 de diciembre de 2009 la necesidad de “crear un espacio de diálogo con aquellos para quienes la religión es algo extraño, para quienes Dios es desconocido y que, a pesar de eso, no quisieran estar simplemente sin él, sino sintiéndolo al menos como desconocido”.

La experiencia de Taizè

Desconociendo esta convocatoria, mi esposa Virginia, mi hija Ana y yo aprovechamos el paso por París para participar de un encuentro de Taizè, que se anunciaba en Notre-Dame, esperando una experiencia de diálogo entre miembros de diferentes Iglesias cristianas en la oración.

Caminar a Notre-Dame de París es para un argentino una mezcla de turismo y devoción; es inevitable revivir los versos del “Vals Municipal” de María Helena Walsh, tanto como la proximidad entre los distantes Paul Claudel y Ernesto Sabato, al relatarnos su primer experiencia al entrar durante una misa. A mi derecha, un hombre que cruza la puerta, se arrodilla y besa el suelo, no deja lugar a dudas sobre el sentido de nuestra visita. Sin embargo, todavía hay que sortear el tráfico de los turistas en el circuito perfectamente establecido por las galerías laterales, para consolidar la opción.

Una vez en la nave principal, su altura, la multiforme luminosidad de sus vitreaux y una estructura sostenida por columnas que se elevan semejando pares y grupos de manos que se unen en oración, suaviza los sentidos, aquieta las pasiones y, al principio, alerta a la razón. Un coro perfectamente colocado tras el altar, presente (identificable hasta en el vestir) pero no protagonista, nos indica que la misa está por comenzar. En la procesión de entrada ocupa su lugar indiscutido la Palabra, las luces, el incensario, los celebrantes y acólitos. Un grupo de monjes, mayoritariamente jóvenes, cuyo hábito semeja al de los cistercienses se coloca a la derecha del altar. Frère Alois prior de Taizè los acompaña, sucesor del venerado fundador, tristemente asesinado como tantos actores de la paz, el Frère Roger1. El Evangelio es leído en francés e inglés y luego unos versículos escogidos son reiterados una y otra vez en distintos idiomas, el español entre ellos. La predicación a cargo del cardenal italiano Gianfranco Ravasi es en francés, la consagración y comunión van acompañadas por el lenguaje universal de los gestos cuidadosamente cumplidos.

Al llegar la bendición, es como si el tiempo se hubiera detenido, no fue ni mucho ni poco, simplemente estuvimos dentro de nosotros, fuera del tiempo.

El regalo esperado

Luego de la bendición, se retira la mayoría, unos pocos curiosos nos quedamos al fondo porque parece que fuera a suceder algo… un grupo de jóvenes de remera y jeans retira todas las sillas de la nave principal, extiende alfombras, coloca a ambos lados del altar un icono del Crucificado y otro de Pedro y Pablo. Sobre el altar había una pantalla suspendida, desde donde este segundo icono presidirá la celebración.

Pequeñas velas comienzan a encenderse en el altar, en rejas laterales y en el suelo. Los monjes se arrodillan en un rectángulo frente al altar, bajo el crucero. Hay unos “banquitos” para facilitar los tiempos prolongados de rodillas, como alguna vez compartiéramos en el Centro de Espiritualidad Santa María y ahora usamos en Santo Domingo de Tandil.

Alguien nos invita a ir mas adelante, en tres oportunidades, hasta que quedamos en la primera fila junto a ellos; se abren las puertas y un buen número de jóvenes ocupa toda la nave central y otros las laterales. Hay entre ellos religiosas católicas y clérigos de distintas confesiones cristianas, dos cardenales, cuatro obispos y varios monseñores.

De algún modo queda en nuestras manos una prolija fotocopia con los cantos y lecturas del día y una fina vela. El cardenal Gianfranco Ravasi nos da formalmente la bienvenida.

Se van encendiendo las luces y comenzamos a cantar breves antífonas en diferentes idiomas que se repiten una y otra vez en un clima de recogimiento (“The Kingdom of God”, “Laudate omnes gentes”, “Psaume 130”). Se proclama lenta y claramente la Palabra (Mt 5, 1-10), nos hacemos eco de ella con cantos breves, muchas veces reiterados, entre la lectura en distintos idiomas del versículo: “Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios”. Se canta “Nada te turbe”, y nuevamente hay un silencio para el viaje interior.

El regalo inesperado

Luego: la oración de petición y de intercesión, los cantos, la meditación de Frère Alois, el canto del Magnificat y la sorpresa de ver en la pantalla gigante al papa Benedicto XVI. Trasmite su invitación a abrir en la Iglesia varios patios de los gentiles, una imagen que evoca el espacio abierto en la explanada junto al templo de Jerusalén, que permitía a todos los que no compartían la fe de Israel acercarse al templo e interrogarse sobre la religión.

Benedicto XVI subraya que un motivo fundamental de este atrio es promover la fraternidad más allá de las convicciones, sin negar las diferencias. Al terminar, los hermanos giran sobre sus espaldas y el icono del Crucificado se recuesta al centro, y mientras los cantos acompañan, cada uno puede acercarse y besarlo; muchos lo hacen de rodillas. Cuando salimos ya es de noche, han pasado casi dos horas sin que nos diéramos cuenta, Anita y Virginia (para quienes era la primera experiencia de Taizè) se han sentido cómodas; y salvando las distancias comentamos la semejanza con el clima de las adoraciones que los chicos realizan todos los viernes en Santo Domingo deTandil.

Ya es de noche y la brisa nos refresca, mientras nuestros ojos se asombran con lo que ven… afuera hay tantos como adentro, o tal vez más. Aunque todo está conectado: en la plaza frente a la catedral dos pantallas gigantes presentan, con la dinámica de un show televisivo a distintas personas que explican sus creencias e invitan a los grupos de diálogo que se han estado celebrando entre creyentes y no creyentes en pequeñas carpas laterales, mientras nosotros rezábamos por ellos. Alguien nos ofrece una sonrisa y un té caliente. Con el calor de nuestra Iglesia en el corazón y en el estómago, seguimos camino a casa.

El patio de los gentiles ha comenzado a caminar en dirección al Reino. Hubo una presentación previa en Bolonia. Pero la primera sesión propiamente dicha, la inaugural, se ha celebrado en París. Así fue elegido por el cardenal Ravasi dado el simbolismo de la Ciudad de las Luces. La Ilustración, la laicidad positiva, la libertad, la independencia entre Iglesia y Estado. Las diferentes sesiones han tenido lugar en escenarios significativos; la sede de la UNESCO, la Universidad de la Sorbona, la catedral de Notre-Dame.

Las palabras del Papa siguen resonando. “En el corazón de la Ciudad de las Luces, frente a esta magnífica obra maestra de la cultura religiosa francesa, Notre-Dame de París, se abre un gran atrio para dar un nuevo impulso al encuentro respetuoso y amistoso entre personas de convicciones diferentes. Ustedes, jóvenes, creyentes y no creyentes, Tal como en la vida cotidiana, esta noche quieren estar juntos para reunirse y hablar de los grandes interrogantes de la existencia humana (…) Estoy profundamente convencido de que el encuentro entre la realidad de la fe y de la razón permite que el ser humano se encuentre a sí mismo”.

1. El Hermano Roger Schutz, suizo de confesión cristiana calvinista, de joven ayudó a escapar a judíos a Suiza desde el Sur de Francia. Terminada la guerra quedó vagando como tantos otros, se guareció una noche en unas ruinas que a la mañana descubrió eran una iglesia. Se sintió llamado a reconstruirla y comenzó a hacerlo, a poco se le unieron otros jóvenes, cristianos católicos, luteranos, etc. Un día decidieron vivir en radicalidad el Evangelio. Hoy pasan por el Monasterio de Taizè y su iglesia de Nuestra Señora de la Reconciliación de 5 a 6 mil jóvenes cada fin de semana, y entre 50 y 100 mil en Semana Santa. En su última visita, Juan Pablo II, comenzó a hablar diciendo: “vengo aquí, como viene el peregrino, a beber de la fuente siempre clara del Evangelio”.

miércoles, 2 de febrero de 2011

EL Proposito del Sufrimiento

por que Sufrimos
[EL Proposito del Sufrimiento]



Introducción

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;
respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. ”
(2 Corintios 12: 7-10)

Alguien preguntó por qué sufre el justo. Para muchos parece ser una incógnita sin repuesta. Esta de hecho fue la primera pregunta que surgió en mi mente desde los primeros días de mi conversión. Que el pecador sufra no es difícil de explicar ya que “la paga del pecado es muerte”. Pero que alguien que se entrega al Señor y trata de servirle con todo el corazón pase por tragedias y perdidas irreparables no es fácil de entender y mucho menos de explicar.

Se tiene la idea falsa de que al convertirnos a Cristo todos nuestros problemas se van a acabar y parece que en algunos casos es todo lo contrario.
Desde el Antiguo Testamento –hace miles de años- el salmista nos recuerda: “muchas son las aflicciones que el justo padecerá …mas de todas ellas lo librara (lo ayudara) El Señor.” (Salmos 34:19)

Que el justo sufra no es solo normal sino que es anticipado (se espera que sufran). Si Usted Y yo sufrimos es muy probable que este mismo sea una prueba viviente de que estamos agradando a Dios.

Jesús dijo enfáticamente a sus discípulos y por consiguiente a nosotros también: “en el mundo tendréis aflicción… mas confiad yo he vencido al mundo… ”
Pablo mismo dijo: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12)

Nosotros en nuestra humana manera de ver las cosas (perspectiva), visualizamos el sufrimiento como algo negativo, trágico, ilógico, irónico e indeseable. Dios por su lado en su inconmensurable sabiduría ve en el sufrimiento un caudal de bendiciones y beneficios.

Mientras que nosotros vemos en el sufrimiento muerte, El ve vida.

Cuando nosotros miramos en el sufrimiento solo destrucción, El está vislumbrando una nueva criatura.

Al nosotros mirar en el sufrimiento solo dolor, El contempla sanidad.

Nosotros esperamos en el sufrimiento derrota, no obstante El anticipa oportunidad.

Nosotros captamos en el sufrimiento ironía, El por su lado percibe perfecta armonía.

Mientras que nosotros en nuestra espiritual miopía tratamos de evadir y evitar el sufrimiento, El constantemente se vale de este para ayudarnos y mantenernos de su voluntad adentro. Si Dios usa el sufrimiento y este es de esperarse en todo cristiano, en lugar de evadirlo debiéramos mejor, tratar de vivir con él.

Los propósitos del sufrimiento

Lo entendamos o no Dios tiene un propósito para todo lo que El hace. Y el permitir que nosotros como cristianos pasemos por sufrimiento no esta exento de propósito, hay uno o varios según la Escritura.
Si vemos al sufrimiento por los ojos de Dios encontraremos algunos propósitos que El tiene para este.

1-. Revela nuestro carácter, lo bueno o malo (Pablo, Job, su esposa,)

El aguijón con el que Pablo sufría le enseñó que era orgulloso y que era propenso a ensoberbecerse.

Es casi imposible hablar de sufrimiento sin mencionar a Job. En el caso de Job, el sufrimiento que le causó perder todo lo que tenia incluyendo a todos sus hijos, sacó a relucir lo que había en él, su carácter, su firmeza, su fidelidad, su espiritualidad y madurez. En la historia tan conocida de Job, Satanás llega ante la presencia de Dios y “… Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.” (Job 1: 8-12)

Es muy fácil vivir cristianamente cuando no hay problemas; cuando toda marcha viento en popa. Es sumamente fácil agradecerle a Dios cuando todo lo que recibimos de El son bendiciones, salud, y tranquilidad. Pero la realidad de lo que somos saldrá a flote tan pronto como comiencen a presentarse los problemas. Nuestro verdadero nivel y peso espiritual se ponen en la balanza de la realidad cuando Dios permite que algo malo, terrible, o aun devastador nos suceda.
En el caso de Job Dios permitió que perdiera todo incluyendo a sus 10 hijos en un mismo día y hora.

La realidad de su carácter no se hizo esperar y se dejo ver inmediatamente. Ante la escalofriante realidad de tal tragedia Job se levantó, y rasgó sus vestidos, [en señal de dolor], se rasuró su cabeza, (mostrando luto y duelo) se postró en tierra y adoró a Dios diciendo: “desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. Y en todo esto no peco Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.”

Aunque no entendía lo que le estaba sucediendo, sabía que en todo Dios tenía un propósito para él.
El Señor permitió que Job sufriera para demostrar que este era un hombre fiel, y que el dolor en lugar de moverlo a maldecir a Dios, pondría al descubierto su madurez espiritual.

Por otro lado cuando la tragedia llegó a la esposa de Job, esta mostró lo que había en ella. Aunque sin duda adoraba y servia a Dios juntamente con Job, el sufrimiento descubrió que todo era hipocresía. Al contrario de Job, no solo maldijo a Dios sino que le dijo a Job, al ver la fidelidad de este hombre, “¿aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. ”

Job cubierto de una espantosa sarna maligna le responde: “como hablan las personas que no conocen a Dios has hablado. Con tu manera de hablar y reaccionar muestras lo que realmente hay en ti. ¿Recibiremos de Dios solo el bien y el mal no?”

Cuando el hombre que sufre es fiel en verdad y su amor por Dios es real, no hay dolor, prueba, aflicción o carga, que lo haga reaccionar negativamente ante Dios; porque el sufrimiento revela nuestro verdadero carácter.

Por otro lado, cuando el hombre o la mujer no viven una relación sincera con Dios el dolor lo revela. Su reacción es siempre negativa; se quejan, reniegan, se revelan, y hasta dejan a Dios. No así el verdadero cristiano, quien cuanto más sufre más alaba, más busca a Dios, más desea servirle; Porque “EL DOLOR REVELA NUESTRO CARÁCTER”.

2 Quebranta nuestro orgullo y nos mantiene humildes.

El Señor le reveló a Pablo que el propósito de su sufrimiento era el de mantenerlo humilde; pues los humanos tenemos la tendencia a ensoberbecernos cuando Dios nos da o nos usa. Pablo aunque fue un gran hombre de Dios y que amaba la obra del Señor, no estaba exento del orgullo.

Cuántos hombres se han perdido a causa de este tirano perverso llamado orgullo.

Cuando fueron bendecidos por Dios, cuando Dios los usaba no pudiendo resistir, sucumbieron ante los poderosos tentáculos del orgullo que sin darse cuenta los asfixió.
Salomón el hombre más rico y sabio se enorgulleció y dejo a Dios.
Sansón el hombre mas fuerte y poderoso se envaneció y murió en oprobio y vergüenza por ello.
Por eso Agur dijo a Dios: “dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera. Vanidad (orgullo) palabra mentirosa aparta de mi; no me des pobreza ni riqueza mantenme con el pan necesario. No sea que siendo rico me sacie y te niegue, y diga: ¿Quien es Jehová?” (Proverbios 30: 7-9)

Solo Dios sabe, si es gracias a ese sufrimiento por el cual estamos pasando que aún permanecemos sirviéndole. Gracias a Dios por ese sufrimiento que nos mantiene humillados dependiendo de su misericordia reconociendo que pueblo suyo somos y ovejas de su prado, que El nos hizo y no nosotros a nosotros mismos.

3. Nos motiva a acercarnos a Dios.

El sufrimiento que Pablo estaba sintiendo lo llevó a buscar el rostro de Dios con insistencia. Tres veces he rogado a Dios que me lo quite, dijo; o sea que dedicó tres periodos de profunda búsqueda en oración y probablemente ayuno. Estos tres periodos de intensa consagración fueron provocados por este sufrimiento que él tenia.
Job quien era un hombre que obviamente conocía a Dios y le servia, el pasar por tan intenso sufrimiento lo empujó a buscar a Dios aún más, en una manera fuera de lo que estaba acostumbrado. Esto le trajo como resultado que se profundizara en el conocimiento de su Dios. Tal fue la experiencia que tuvo con Dios que tuvo que expresar “antes de oídas te conocía mas ahora mis ojos te ven”. El sufrimiento nos empuja a buscar más a Dios.

4. Perfecciona la obra de Dios en nuestras vidas.

El dolor de alguna forma moldea nuestro carácter, nos da forma, allana las asperezas, y quema lo indeseable en nosotros. Dios le dijo a Pablo que su poder se perfecciona en la debilidad; a veces lo que Dios quiere hacer en nosotros requiere de sufrimiento para ser llevado a cabo. El siervo no se corrige con palabras porque entiende, mas no hace caso. Pro. 29: 19 cuantas veces Dios nos a invitado a buscarle mas y a servirle mas de cercas pero ignoramos su voz.
Cuántas veces se habrá tenido que valer del sufrimiento como último recurso para hablarnos porque aunque entendemos, no hacemos caso!. Al faraón en Egipto, Moisés le habló y rogó por las buenas, y no hizo caso. Dios mandó plagas, enfermedades y pestes. Pero no obedeció hasta que el dolor y el sufrimiento le atravesaron su alma al murió su mismo hijo. A cuántos de nosotros nos trajo a El por medio de algún problema. A cuántas personas que no conocen a Dios, El les ha estado hablando con dulzura, y no han querido buscarlo y entregarse a El.
Dios no descansará hasta que se entreguen a El, y usará el sufrimiento si es necesario con tal de salvarles.

“Dios al hijo que ama madruga a castigarlo. Hijo mío, no menosprecies la disciplina
del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.” (Hebreos 12: 5-8)

5. Nos lleva a la reflexión personal.

Nos obliga a examinar cuidadosamente nuestras vidas para asegurarnos que nada que esté fuera de lugar en nosotros sea la causa de nuestro sufrimiento.

Conclusión

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. “(Hebreos 4: 15-16)

Nosotros servimos a un sumo pontífice que se compadece de nosotros porque el mismo fue tentado en todo, o sea que experimento toda clase de sufrimientos al igual que nosotros. Por eso es que Él sabe lo que es el sufrimiento y es capaz de entender el nuestro. No solo lo sabe por que es omnisciente sino porque El mismo lo experimentó en carne propia. Cuando pasamos por sufrimiento nunca se nos olvide que El, cuando se humano y vino a la tierra experimentó el dolor y el quebranto.

Si pasas por escasez y nos agobia la incertidumbre del mañana, recuerde que él siendo rico se hizo pobre. Nació pobre en un establo y vivió sin nada ni una piedra donde recostar su cabeza. Aún en su muerte alguien tuvo que prestarle una tumba. El conoce nuestras debilidades y se identifica con la escasez porque el sufrió pobrezas.

Si eres traicionado por tus amigos, seres queridos o aun tus familiares, recuerda que El fue traicionado por aquellos que se decían ser sus amigos. Quien lo entregara fue en quien más confianza tenía tanto que le había hecho tesorero; de quien menos lo hubiera esperado.

Zacarías 13: 6 dice que cuando le pregunten al Señor ¿qué heridas son estas en tus manos? El responderá “con ellas fui herido en casa de mis amigos”.

Si se han burlado o han hablado mal de ti: de Cristo dijeron hasta que era hijo de fornicación, que lo que hacía lo hacía por ayuda de Belzebú. Lo acusaron de cosas que el no había hecho; le dijeron mentiroso torciendo lo que El decía para acusarlo.
Lo injuriaron, lo desnudaron, se burlaban de El; aun ya en la cruz sufriente le gritaron “si en verdad eres lo que dices ser, bájate de ahí.”

Si experimentas soledad: ve a El que fue abandonado por todos sus seres queridos precisamente cuando más los necesitaba. El dijo: “pisado he solo el lagar y de los pueblos nadie fue conmigo” en el momento más crítico de su vida como hombre colgado en el madero de la cruz hasta su Padre le abandonó y exclamó ¡Padre por qué me has desamparado! El sabe lo que es sentirse solo, completamente solo. El comprende nuestra soledad y sabe lo amargo de su sabor.

Si llegaras a padecer enfermedad: El, aunque fue perfecto en su humanidad, al ser azotado y crucificado experimentó el dolor y la agonía de la enfermedad. La fiebre que le causaron las muchas heridas, los golpes y azotes fueron una realidad que El vivió. El sabe lo que se siente pasarse las noches en medio del dolor, la impotencia y la desesperación. El siente cada una de nuestras lágrimas, El se identifica con ellas. El y nadie mejor que El puede entenderte.

El sabe lo que es la oscuridad en medio de los problemas. En medio de todos sus padecimientos hasta el sol pareció darle la espalda pues hubo tinieblas en aquella hora.
Tal vez nunca en esta vida entenderemos la razón ni los porques del sufrimiento que estemos atravesando. No obstante Romanos nos recuerda que: “a los que amamos a Dios y a los que hemos sido llamados conforme a su propósito todas las cosas no ayudan para bien.”

Todas las cosas incluyendo los sufrimientos. Todos los dolores, penas, desengaños, amarguras, tristezas y soledad, traiciones, por los que tengamos que pasar, si amamos a Dios y buscamos Su propósito para nuestras vidas, nos ayudan para bien.

Hebreos nos recuerda que como el se identifica con nuestros dolores los entiende. Además de eso, nos invita a acercarnos a su trono de gracia confiando en que El simpatiza con nuestro dolor, pues El se nos provee de la misericordia y gracia que necesitamos para ser fortalecidos de parte de El.